La silla de ruedas en contravía

El como un loco es saludado al pasar

Foto de Yunming Wang en Unsplash

Camino contento, acabo de oír buenas noticias, veo las nubes y el cielo azul, tengo unos tenis nuevos y los siento bien. Camino hacia el sur por una avenida de menor importancia en la ciudad, siempre me ha gustado ver a la gente, los edificios, los porteros, carros, el color de los vestidos, qué dicen las motos en sus cajas de domicilios , ver las caras de la gente, en fin, soy un observador de la vida , y me gusta mucho serlo.

Caminaba con esos actuares y pensamientos cuando miro hacia la avenida que va en dirección contraria a la mía; entre los árboles que nos separan veo a una persona, en silla de ruedas, sola, empujándose con un solo pie, sin nadie más a la vista ¡Situación extraña! pienso para mis adentros. Igual sigo caminando y sigo viendo como esta persona sigue andando en paralelo mío, empujado con fuerza su silla — la ciudad no cuenta con accesos adecuados para discapacitados y es “normal” que una persona ande por una avenida. Él transitaba en el carril interno, cerca a la acera.

Yo seguía mirándolo detenidamente y me di cuenta de que comenzada a desviarse al carril externo y, aparte de eso, comenzaba a andar hacia atrás. Los carros lo esquivaban y no pitaban. “Realismo mágico es lo primero que se me ocurre”, parecía que a nadie le importaba …yo para mis adentros pensaba que no quería lidiar con esto, que no quería hacerlo, ¿porque?, justo cuando estoy con cosas buenas ¡¡¡¿por qué justo hoy?!!!

Me di cuenta que el problema era mas grande que yo, pero igual ¡tenía que hacer algo! Esto ya era una situación crítica. Mientras comenzaba a trotar hacia él, llamé a la policía buscando ayuda para resolver el problema.

A medida que me voy acercando me doy cuenta que está en pijama, pantuflas y con una férula en el pie izquierdo. El pijama es de rayas y también tiene una bata de dormir: el conjunto en general está limpio pero viejo. Va andando en contravía y con la silla de ruedas dirigida hacia atrás por el carril rápido, parece una bestia desesperada por llegar a ningún lugar.

Yo con el teléfono en el oído no me creo lo que veo, me acerco y le pregunto con toda la calma si sabe que está en contravía y lo único que hace es mirarme y empujarse con más fuerza. Yo le sigo preguntando cosas: su nombre, si está bien y lo único que veo son unos ojos profundamente azules, parecidos al hielo ártico mezclado con el color del cielo. Me mira profundamente: durante un instante toda la situación queda estática mientras experimento la mirada profunda de esos ojos.

El sigue empujándose y yo cojo la silla de ruedas por las manijas y él inmediatamente me lanza un alarido y un manotazo, que alcanzo a evitar, mientras hablo con la policía y les explico la situación. Pido ayuda, la operadora me pregunta los datos míos y yo respondo con calma, preguntándome a mí mismo ¿qué carajos importa eso ahora? mientras una persona inválida y loca anda en contravía por la avenida, en pijama… Igual, respondo y me piden la dirección y la doy, estamos moviéndonos. Yo no me ubico bien y dar la dirección es un poco complicado para mí, aun así hago lo que puedo, lo mas preciso que me da mi cerebro. Estoy tratando de parar la silla de ruedas que va en contravía, con una persona que no se deja ayudar, con carros que vienen hacia mí, y donde me siento absolutamente solo. 
En ese momento, la operadora me dice que una patrulla viene hacia mí, y me cuelga…Me quedo impávido, no se como lidiar con alguien así. Recuerdo que en E.U el operador de emergencias se queda con uno hasta que llega la ayuda, pero esto es Colombia… acá la empatía es un sentimiento bien escaso.

Vuelvo a llamar y vuelvo a dar todos mis datos, mientras tanto el anciano está yendo en la dirección de la vía y yo puedo desviar a los carros con mayor facilidad. Esto me da un momento para pensar bien y decir con mayor exactitud en dónde estoy a la operadora. Mientras tanto el señor sigue solo y en un momento dado desvía hacia una calle mientras yo sigo con la operadora indicándole dónde estamos: ella me dice que una patrulla ya viene y vuelve y me cuelga. Quedo anonadado. ¿Cómo me dejan solo en una situación así?

Yo observo al loco de la silla de ruedas con detenimiento y en un momento veo que saluda a alguien. Yo veo esto como uno de los signos de su locura ¿a quién puede estar saludando este loco? Y por pura curiosidad, desvío la mirada hacia el otro lado de la avenida y, efectivamente, hay otra persona que lo saluda también …. ¡esto es demasiado! Concluyo que este paseo es tan inusual que este loco de ojos azules maravillosos tiene conocidos en las diferentes esquinas y nadie se asombra por lo que hace. Una más de nuestra idiosincracia colombiana: lo loco se nos hace normal.

De repente el anciano se “estaciona” frente a un edificio y como si yo estuviera viendo un milagro, se para de la silla de ruedas y comienza a caminar hacia un edificio. En mi asombro veo que el portero del edificio coge la silla de ruedas y la mete y el señor entra a la edificación. Mi cara de perplejidad debió de haber sido increíble ¡digna de un meme viral! Después de tremendo paseo y de retar al peligro, el señor se para de su silla y entra tranquilamente a su edificio, como un niño que ya se cansó de jugar en el parque y entra a su casa para comer un paquete de papas, una gaseosa y contar sus historias del día a su madre.

Yo inmediatamente le pregunte al portero qué era esto, ¿como era posible que esa persona saliera así al parque y el por qué nadie se lo impedía? Él me da una de las mejores razones: el señor el dueño de un apartamento, y como portero no puede bloquearle la salida ni la entrada. Le dije que bien podía esconderle la silla de ruedas. Una señora, que también vive en el edificio, me dice que esas “aventuras “son usuales en él , que a veces va tan lejos como 10 cuadras y que hace escándalos, y fuma marihuana. El anciano es una persona que debería estar en un hospital o en un hogar geriátrico ¡pero no!, está en un apartamento, viviendo otra vez los años mozos y en la realidad colombiana es alguien que puede darse unos paseos por la carrera, en contravía, saludando a otros desquiciados, con una sonrisa en la cara como si estuviera burlándose de una sociedad incoherente , llena de falencias en puntos muy básicos… Yo, en ese momento, decidí que el problema ya no era mío. Le comenté a la señora que la policía ya venia y que les relatara lo que acababa de pasar y que hicieran todo lo posible para que lo sucedido no volviera a ocurrir. Sé que ese razonamiento fue como darle al agua con una espada… no va a pasar nada, pero por lo menos lo dije. Y ésta es otra historia real, para recordar, de nuestro querido país “Locolombia”

MAED

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