El desayuno

El deseo de normalidad

Foto de Rodion Kutsaev en Unsplash

Son las 5 de la mañana ¡hoy me voy! Tengo que estar en el aeropuerto en un par de horas y, desde que llegue , quiero hacerle el desayuno… No he dormido con ella… ni un beso siquiera, pero se lo quiero hacer , me hace sentir como si fuéramos algo más, por lo menos durante un rato, así puedo olvidar un poco mis tormentos.

Estoy en pijama, la que tengo es una Jockey… hace rato que no monto a caballo, me gusta mucho, aunque un caballo casi me mata: estábamos en una colina que tenia una reja en la cima , íbamos paralela a ella y no había mucho espacio para maniobrar: la reja a la derecha, la ladera llena de arboles a la izquierda, no muy empinada , pero si había que saber manejarla. De repente una rama a la altura de mi cara , me agacho y el caballo reacciona con el tirón de la rienda, se va hacia la ladera y yo caigo adelante de él… Siento como las falanges me pegan en mi pecho y me dan más impulso al rodar . El caballo pasa por debajo mío y yo me levanto sin un rasguño y muerto de susto… ¡que salvada! Me acuerdo que mi amigo me vio y agradeció que no me pasara nada y que, lo primero que hice, fue subirme otra vez al caballo… siempre es importante hacerlo: si algo sale mal con algo, hay que volverlo a hacer para no quedarse uno asustado de por vida… Saco las arepas del congelador , son de maíz amarillo, muy ricas, ella me las dio a probar , saco el queso y dos tomates cultivados de su huerta. Veo las cosas en la nevera muy bien organizadas y me da gusto verlo: ella es una gran mujer , tiene su propia huerta y la sabe cultivar , tiene mucho amor que dar , pero no para mí: yo a ella no le gusto, por eso hoy le hago el desayuno , para pretender que ya llevamos mucho tiempo juntos y …que es un día como cualquier otro.

Pongo la sartén en el fuego y frente a la ventana veo los árboles verdes en el amanecer y siento el olor de la tierra húmeda y un canto lejano de un pájaro. Respiro profundo y dejo que los perfumes deliciosos de ese día me embriaguen un poco , va a ser un día hermoso ¡lastima que me voy! Me encantaría hacer un picnic con ella , mantel de cuadros rojos y blancos con la clásica canasta , verla con esos ojos color selva y hacerla reír para que se le aclaren… ver esos dientes pequeños y ¡perfectos! blancos como nubes, es una delicia , una obra de arte en una cara digna de estar el Louvre. Los rayos de sol en su cabeza caen ondulados a la tierra…. estoy delirante… Las arepas se están cocinando ahora, es momento del ponerles el queso y esperar a que se derrita un poco , corto los tomates con calma , los huelo ¡huelen muy bien! El olor de los vegetales cambia dramáticamente dependiendo del lugar donde fueron cultivados y con el olor llega el sabor. Se me hace agua la boca al cortarlos.

Los corto en medialunas o julianas y les quito el corazón. Se que con ese corazón harán una salsa especial, para una pasta suave acompañada de un vino ligero… ¡delicioso! en una noche clara y con luna, tal vez sacar la mesa afuera y…. ¡me desconcentro fácil! Mi imaginación vuela lejos, el queso se derrite lentamente, me relajo, nada se ha quemado ¡Ufff! ahora le pongo los tomates , la arepa redonda , el queso cuadrado y los tomates en círculo: parece un cuadro de Miró. Saco el aceite de oliva y decoro el plato como una pincelada al estilo japonés, el té está caliente y la mesa está puesta. Ella tiene cubiertos Christofle, le encantan las cosas antiguas y tiene muy buen gusto para elegirlas. Sigo en pijama y la veo salir, está fresca, el pelo lavado, lástima que al estar mojado se le oscurece. Igual está muy bonita: un vestido blanco con unos zapatos cafés muy ¨chuscos¨, el conjunto le queda de maravilla, no usa maquillaje ni joyas ¡no las necesita! ¡que mujer!

Se sienta y le sirvo el plato, me dice que no tiene ganas de desayunar… el corazón del tomate siente lo mismo que yo… esa salsa bajo la luz de la luna, no va a pasar… me quedo frio, pero igual me pongo una buena sonrisa y se lo sirvo. De repente oigo el ¡snap! de una foto ¡me alegro! El plato está bien presentado , un recuerdo que quedará en la memoria de ella por un rato, quien sabe hasta cuando. Comemos en silencio y despacio, el silencio es incomodo, no pude leerla muy bien en estos días , yo estoy en un despertar , y cuando uno se despierta, así sea suavemente, puede tumbar el vaso de agua a las cobijas y dejarlas con el redondel oscuro, y uno sabe que tiene que hacer algo pero no está seguro de qué hacer: quitarlas y ponerlas a secar es todo un tema , tender la cama y dejarlas así es de perezosos , no hay daño alguno, pero sí se siente la incomodidad. En un momento me dice que no le cabe comer más, deja la mitad de la comida y se termina el té.

Siento que es momento de terminar y de irme a bañar, me ofrezco a lavar los platos y me dice que no, que ella no se enreda con tres trastes para lavar ¡lo se! Solo quería lavarlos y seguir sintiéndome como si estuviéramos juntos, ¡se que quiere que me vaya de una vez! pienso para mis adentros

Me levanto y me voy a bañar por última vez, pensando en lo torpe que fui en esa casa de las nubes……

MAED

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